Me gusta viajar en avión. Lo que a veces me pone un pelín nerviosa son las turbulencias.
Aunque la razón me diga que es sólo un cambio de dirección del viento, a veces, y sólo algunas veces, me cruzan pensamientos que alteran un poco mi tranquilidad.
Generalmente el silencio de todos impera la escena, pero esta vez no fue así. Con una turbulencia que me hacía sentir en un bus pasando un montón de baches, una familia de pasajeros hizo algo que nunca había visto.
No fueron risas, sino carcajadas acompañadas de un “¡eeeeh!” con cada subidón las que me hicieron voltear para ver qué estaban haciendo. Era una pareja joven que animaba a una pequeñita como de 5 años a levantar los brazos como si estuvieran en una montaña rusa.
La niña se notaba emocionadísima de participar inocentemente en ese divertido juego. Y los demás al oírlos y verlos, no pudimos evitar ser parte de esa fiesta de risas y seguir contagiando a los demás pasajeros. Creo que duramos más de tres minutos todos riéndonos a carcajada limpia mientras el avión seguía creyéndose barco en altamar.
Por primera vez no escuché a nadie gritar o suspirar fuertemente, tampoco vi caras de angustia. Cuando terminó el movimiento, luego de cruzar miradas con algunos, en el ambiente había una sensación de complicidad y sosiego.
Qué diferente y relajada manera de reaccionar ante un escenario que generalmente tiene el mismo resultado: la turbulencia pasa, y si no, ¿qué más da? ¿Para qué temerle a algo que no podemos controlar?
Video de risas: Merci! de Christine Rabette
lunes 8 de agosto de 2011
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3 opinan. ¡Pasa y deja tu mensaje!:
Hola Diana,
se ha de ver sentido ¡EMOCIONANTE! sobre todo cuando estás en medio del mar.
ja ja ja, y que se fuera cayendo :)
Fué un gusto Saludarte.
Adrian
exacto!
... "q la vida es un carnaval" dijo la tía aquella =)
Igual que la vida turbulenta o te ries o te lamentas por miedo a lo inevitable. Prefiero reir a carcajadas! Lindo post
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