“¿Y ahora?”, fue lo único que pensé aquel fin de semana en el que mis dizque anfitriones olvidaron que lo eran y me dejaron sin lugar para dormir en una peculiar ciudad española en donde no conocía a nadie más que a ellos.
Con una cara de interrogación por su descortesía no me quedó más remedio que buscar un hostal cercano, pegarme una ducha e ir al primer restaurante que vi en el camino.
“¿Tienen mesa para una persona?”, le dije tímidamente al camarero. -¿Sólo para una persona?- me respondió con un tono de voz que se llegó a escuchar hasta Júpiter. Mientras llegaba mi cena, advertí cómo todos me volteaban a ver como si fuera bicho raro, hasta llegué a percibir cierta condolencia por parte de algunos de ellos y me sentí completamente sola.
Me tomó varios años escudriñar mis recuerdos para constatar que en realidad nada de lo que percibí había pasado en realidad: el mesero simplemente me hizo una pregunta y mi alucinación de las múltiples miradas estaba sólo en mi cabeza por no querer aceptar mi soledad en ese momento.
Y ahí estaba la respuesta. Las veces que me he sentido sola es porque no lo he querido estar. Y cuando la disfruto en plenitud es cuando en realidad yo la estoy buscando.
Y es en mi espacio en el que me reconozco y me descubro en un camino en el que me topo a algunos que me miran raro y coincido con muchísimos otros como yo.
Caminando, en un café, en un pequeño bar, en cualquier estación, en el cine, escuchando música, sin el escudo de un libro o celular, ahí está ella, esperando pacientemente a que la acepten como parte del todo: la temible soledad involuntaria y la adorable soledad por convicción.
miércoles 22 de junio de 2011
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Excelente ejercicio
el texto salió para romper el silencio. A veces uno quisiera que cada relato o post fuera trascendente, pero es gimnasia, solo gimnasia para prepararnos para el gran salto mortal, con doble giro cuando reamente lo necesitemos.
Siga así, que la Musa disciplina no abandona...
Un día me encontré en la calle una pinta que decía: "Estar solo no es casualidad".
Y creo que es cierto; estar solo es cuestión de convicción. Ahora que, sentirse solo, eso es otra cosa; podría yo decir que eso es una consecuencia.
Buen Post Di.
Un Abrazo!
La soledad es producto de la neurosis urbana colectiva contemporanea mi estimada.
Creo que nos da miedo estar solos en el silencio cuestionador, por eso nos sumimos en la vorágine del ruido de lo inmediato (celular, tv, Ipod, Play Station, PC, Internet, etc.)que nos evita pensar en lo que hacemos y como lo hacemos.
Saludos.
Rocker!
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