El hecho de querer tamarindos y dulces picantes me avisa que está por llegar. Con 17 años de experiencia, estoy atenta a los detalles que mi organismo me envía para evitar ser el blanco de burlas por algún descuido.
Día 1. Un pequeño malestar en mi vientre me avisa que el día ha llegado. Y empieza el ritual: recojo el material necesario y voy directo al baño para evitar que el mundo se entere de mi viaje por la ola carmín. No, señores, no es tan cómodo como lo hacen ver los anuncios de televisión. Eso de traer un pedazo de tela-plástico entre las piernas o un algodón en forma de tubo dentro de una no es del todo agradable. A esto hay que agregar las visitas obligatorias constantes al cuarto de servicio para revisar que todo esté en orden.
Día 2. Haciendo una breve encuesta entre amigas, yo sufro de algo que no todas padecen. Soy intensa hasta en mi periodo. Pero eso no importa porque ahora estoy en junta y mientras me da un cólico marca “te pasaste”, me preguntan mi opinión sobre los resultados de cierto estudio. Mi actuación es digna de un Ariel, ya que al parecer nadie se ha dado cuenta de que mientras hablo y sonrío, finjo que mi útero no parece estarse exprimiendo a sí mismo.
Día 3. Amanece el día a 35ºC y me toca realizar un recorrido en piso, es decir, que serán unas largas horas de caminata acompañada de ingenieros directivos que caminan muy quitados de la pena sin saber de mi pequeño y puntual calvario. Como sabrán, mis queridas amigas, el calor no ayuda en estos días, así que para contrarrestar mi malestar me imagino volando fresca por las nubes y sin obstáculo alguno. En la tarde, llegando a casa percibo un movimiento sigiloso de un depredador a punto de lanzarse sobre su presa; cuando empieza el recorrido y después de ver mi cara surge un inevitable “oh, oh, día de pañal” dejando para una próxima ocasión aquel encuentro furtivo digno de NatGeo.
Día 4. Nada como empezar el día con una junta difícil en la que por una respuesta con tonito especial, un recién egresado me dice la frase característica de los primerizos “¿qué?, ¿estás en tus días?”, seguida por mi mirada fulminante que lo silencia por el resto de la semana. Ya es el último día, así que mi humor está por los cielos, ya puedo usar prendas de cualquier color, mi vientre ya no está inflamado, mis glándulas lacrimales han vuelto a la normalidad y mi energía vital se hace de nuevo presente para esperar 28 días y volver a experimentar todo de nuevo.
Y es así como se termina un ciclo que sobrellevo y orgullosamente presumo, el cual me identifica con todas las mujeres del mundo, con quienes comparto múltiples cualidades y procesos que nos caracterizan como seres perfectos y perfectibles. A todas ustedes:
¡Feliz día de la mujer!
martes 8 de marzo de 2011
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y si mejor solo hablamos de la vida marina?
yea!!.. sabe smuchas veces le pregunto a mi novia que siente de tener que pasar por eso cada mes.... y bueno... dice que es molesto, pero que es algo que ya sabe que tienen que vivir con ello, y que en esos días la líbido se le sube al tope.. QUIEN DISTUTE CON ESO?!
Y... gracias a esto tenemos la virtud de asistir a Dios en el milagro más grande del mundo: la vida!!! Un abrazo, Mel
I like. =)
Neta? NatGeo?
Bravoo!!
Buenísimo Diana.
Me imagine tu sonrisa, e imagine si alguna vez fui el afortunado de esas osadía mas haya que un Ariel.
Que bueno leerte.
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